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Es uno de los dos exempleados del Arzobispado denunciado penalmente por monseñor Alfonso Delgado y tras ser indagado el viernes por el juez Benedicto Correa, rompió el silencio públicamente y habló del caso que lo involucra. Hasta noviembre del año pasado fue el administrador de la institución religiosa y su nombre está en la mira desde que lo acusan de ser uno de los responsables de la desaparición de entre 500 mil y 700 mil pesos. En una entrevista exclusiva con este diario, el contador Juan Brozina aseguró que no tiene nada que ver y, en cambio, contraatacó contra su denunciante por supuestas irregularidades que, de comprobarse, amenazan con hacer volar todo por los aires. Confesó que transfería dinero de la entidad a su propia cuenta, pero sostuvo que su firma no era la única en ese tipo de operaciones y que todo respondía a que monseñor dispuso hacer triangulaciones para cubrir gastos que no se podían blanquear. En ese circuito, aunque dijo que se reserva detalles para dárselos primero a la Justicia en una nueva declaración, aseguró que él mismo sacaba la plata y se la daba a Delgado, que curas y laicos recibían una parte para apoyar decisiones de la máxima autoridad de la iglesia sanjuanina y que sería un escándalo si se supiera el verdadero destino de ese dinero. Además, intentó justificar por qué no volvió a su trabajo cuando asomaba el faltante de dinero y sostuvo que su excompañero Darío Tapia (era el tesorero), que es el otro denunciado, no sabía nada.

– ¿Transfirió a su cuenta o pasó por su cuenta la plata que dice monseñor que falta?

– Se hacían transferencias a mi cuenta sueldo, pero no era destinado a mí el dinero. Era destinado a pagos que realizaba el Arzobispado, encubiertos, que eran impropios a la Curia y que no se podían justificar.

– ¿Usted hacía esas transferencias?

– Sí, porque mis superiores disponían que hiciera esa transferencia a mi cuenta. Es un mecanismo que empezamos utilizando para unas reposiciones de fondos fijos y se desvirtúa ante la solicitud de que haga a mi cuenta esa transferencia, retire el dinero y se lo entregue a quien me lo solicitaba.

– ¿Cuál era el circuito de la plata entonces?

– La plata estaba en la cuenta del Arzobispado, de ahí hacíamos una transferencia bancaria a mi cuenta sueldo y yo retiraba ese dinero.

– ¿A quién o quiénes le entregaba el dinero?

– Al obispo.

– ¿En mano o le hacía una transferencia a una cuenta?

– En mano. Él no tiene cuenta bancaria.

– ¿Cuáles son esos gastos impropios de los que habla?

– Yo no los he declarado en el Juzgado todavía. No corresponde que te los diga a vos si yo no he ampliado todavía la indagatoria.

– ¿Por qué son gastos impropios?

– Son gastos que generarían un escándalo si se supiera para qué son. Eran para sacerdotes o laicos que si se sabía qué se pagaba con eso, generaría un escándalo. También era para distintos tipos de gastos que no quería que fueran en la contabilidad o para comprar votos en distintos organismos, ya sea Consejo Presbiteral, Decanato…

– ¿Qué es eso de comprar votos?

– El obispo les daba ayuda a sacerdotes para tener apoyo en las decisiones. No sé si “comprar” votos es la palabra, pero sí para tener apoyo en decisiones que él necesitaba. Entonces, les daba ayuda a sacerdotes y con eso recibía el apoyo.

– ¿Quién se encargaba de hacer esos pagos?

– Yo le entregaba el dinero al obispo.

– Si usted dice que le daba la plata al obispo y no hacía los pagos, ¿cómo sabe que se trataba de pagos indebidos?

– El obispo me lo comunicaba, pero no había constancia de eso. Como no los he detallado en el juzgado, tampoco los voy a detallar ahora.

– ¿Contablemente, este circuito es comprobable?

– No, porque eso no estaba en la contabilidad. El obispo me decía que después íbamos a imputar esos gastos a lo que él me dijera y muchas veces no me daba la imputación.

– ¿Pero usted tiene forma de acreditarlo?

– Sí.

– Si no se asentaban contablemente, ¿cómo justificaban esos pagos irregulares?

– No coincidía el extracto bancario con la contabilidad. Y me decía “no, ya lo vamos a arreglar, en el próximo ejercicio lo vamos a arreglar” o “cuando yo te diga lo vamos a arreglar”. Antes de este tipo de operatorias se realizaban auditorías constantes y desde esa operatoria no se hicieron más auditorías.

– ¿Todo lo que está diciendo está dispuesto a volcarlo a una denuncia penal?

– Lo vamos a analizar con mi abogado. Por ahora, hemos comparecido ante la Justicia y hemos expuesto los hechos.

– ¿Desde cuándo se hacía esto?

– Desde hace un par de años.

– ¿Y antes?

– Antes hacíamos todos los pagos con cheques, en forma transparente y registrados contablemente.

– ¿No había pagos impropios en esa época?

– O se hacían por otro lado, no lo sé.

– ¿Por qué no propuso crear una cuenta a nombre de otra persona en lugar de usar la suya?

– No, se debía mantener confidencial esto. Se pagaban gastos que no se podían blanquear y nadie tenía que saber.

– ¿Los otros gastos que tenía el Arzobispado cómo se pagaban?

– Se pagaban con cheques o transferencias bancarias comunes, siempre con los dos firmantes. Las transferencias no las hacía yo solo, siempre tenía que tener otra firma.

– ¿Quién era el otro firmante?

– Román Becerra… la clave era de Román Becerra, yo no sé si la tenía él o quién la manejaba.

– ¿Las transferencias a su cuenta también necesitaban las dos firmas?

– Igual, tenían que hacerse con dos firmantes. Es una firma digital, una clave.

– Siendo contador, usted sabía que este manejo con el dinero era una irregularidad…

– En realidad, esto era de la persona en la que yo confiaba. Yo solamente cumplí una instrucción de mi superior.

– ¿Por qué no habló o denunció antes esas irregularidades?

– Yo mantenía con el obispo confianza y creía que él iba a solucionar el tema. Confiaba en él y necesitaba el trabajo, obviamente cumplía instrucciones.

– ¿Por qué cree entonces que monseñor lo denunció?

– Me parece que alguien advirtió todo este circuito e iba a quedar él mal parado, y había que culpar a alguien.

– ¿Pudo charlar con monseñor?

– No.

– Monseñor dijo en una entrevista que usted no se presentó más a trabajar cuando pidieron la auditoría, ¿por qué no volvió?

– Me pidieron que renunciara antes de esa auditoría, que me vaya, que se iba a solucionar todo y después aparece la auditoría cuando yo voy a retirar las cosas.

– Y no renunció…

– No, dejé de ir. Pensé que podíamos llegar a un arreglo de dinero o algo. Se charló, pero no llegamos a nada. No me presenté y fue abandono de trabajo.

– ¿Le dieron alguna explicación?

– No. El obispo me dijo que había irregularidades, que se estaban haciendo las cosas mal y que lo mejor era que diera un paso al costado.

– ¿Le pidió explicaciones o le preguntó si desconfiaba de usted?

– No.

– ¿Accedió a irse sin indemnización?

– Yo pensé que después de eso íbamos a llegar a un arreglo. Se estuvo charlando y no se llegó a nada.

– ¿Con monseñor lo charló?

– No, mi abogado charló.

– ¿Con quién?

– Con Gómez.

– Usted puso abogado ahí nomás…

– Me mandaron una carta diciéndome que me presentara a trabajar, pero me habían pedido que no me presentara y me mandaba una carta. Era como que se estaban arrepintiendo. Hablé con mi abogado y me dijo “ya le llamo por teléfono”, si ni siquiera contestamos la carta documento.

– ¿Qué le contestaron a su abogado?

– Nosotros dijimos “¿se puede llegar a un arreglo?” y ellos dijeron “lo vamos a evaluar”.

– ¿En ese momento sabía que el pedido de renuncia era por el tema del faltante?

– No.

– ¿De dónde provienen los ingresos del Arzobispado?

– Cuotas parroquiales, cuotas de colegios confesionales que pertenecen al Arzobispado, hay algunos alquileres, como la playa de estacionamiento, y algunos locales. También recibe un aporte de la Nación a través de la Conferencia Episcopal, que es una asignación para el Seminario y parroquias de frontera.

– Y la limosna…

– Sí, se llaman colectas.

– ¿La plata que supuestamente falta de las cuentas del Arzobispado es de las colectas?

– No lo sé. Todo va a una misma cuenta.

– Monseñor dijo que se encendió el alerta cuando los notificaron de unas deudas que tenía el Arzobispado, ¿usted dejó de pagar cuentas?

– A veces no se ha pagado y era porque no había fondos, no porque yo lo dispusiera. Es más, el obispo tenía ya unas denuncias en la Conferencia Episcopal y en el Vaticano por manejo indebido de fondos que le han hecho otros sacerdotes. Yo no tengo constancia de eso, pero sé que se le han hecho unas denuncias por retener fondos de pagos a obras sociales y aportes jubilatorios. Además, se le había hecho una denuncia por la venta de un terreno sin la debida autorización.

– ¿Usted manejaba todos los fondos del Arzobispado?

– No, yo era el administrador. El tesorero manejaba el dinero.

– ¿Y por qué era usted quien transfería y le hacía la entrega a monseñor?

– No manejaba el dinero del Arzobispado, pero eso era para pagos extraordinarios.

– ¿Tapia sabía de los pagos indebidos?

– No.

– Aún manejando la plata, ¿no tenía acceso o forma de seguir el circuito?

– No, no tenía acceso.

– ¿Lo que usted extraía de su cuenta se lo entregaba a monseñor en el Arzobispado?

– Sí, en él momento que él me lo solicitaba.

– ¿Usted tenía el dinero unos días y después se lo daba?

– En el cajón quedaba, con llave.

– Monseñor también habló de problemas con recibos que les entregaban a las parroquias, ¿quién hacía los recibos?

– Los recibos los entregaba el tesorero. Cuando yo entré a trabajar, los recibos se hacían en forma manual, en papel. Después, una vez que el obispo dispuso para un mejor funcionamiento del Arzobispado, para que no se demorara la atención a la gente, con un programa informático se hizo un sistema para poder imprimir el mismo formulario que emitía el sistema Tango. Solamente el programa era para imprimir. Lo que se procesaba en el sistema Tango, salía impreso en el recibo que se entregaba.

– ¿Quién cargaba los datos en el sistema?

– Siempre Tapia.

– ¿En su declaración, Tapia le apuntó a usted por este tema?

– No, no. Yo hacía el traspaso al módulo contabilidad. Yo no procesaba ningún tipo de facturas ni nada de eso.

– Pero al asentar las sumas de dinero al sistema contable se pueden modificar las sumas o cometer errores?

– Claro que puede haber errores, pero yo lo único que hacía era pasar lo que decía el sistema Tango.

– ¿Tuvo alguna queja de sacerdotes por diferencias entre el recibo y el monto que les rendían al Arzobispado?

– En alguna oportunidad hubo alguna queja, pero se pudo subsanar chequeando la información del sistema.

– ¿Hay alguien que ejerza el control de las cuentas del Arzobispado?

– Sólo el obispo expone el balance de acuerdo a su conveniencia, porque no exponía igual que lo generábamos desde la administración sino por conveniencia.

– ¿A quién se lo exponía?

– A los otros sacerdotes.

– ¿Cuál era la conveniencia?

– Por ahí no mostraba ciertas deudas o lo mostraba de forma diferente.

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