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Emily McKenzie luchó contra la anorexia durante 15 años y por ese motivo se enfureció cuando su hijo Jack, de cuatro años fue diagnosticado con sobrepeso en un estudio realizado en su colegio.

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Jack mide 1,04 metros y pesa 19,50 Kg y según su mamá es un chico “saludable y activo”. Lo que le preocupa es que estos resultados puedan impactar negativamente en la vida de su hijo. Ella sabe por su propia experiencia, cómo estas etiquetas pueden afectar psicológicamente la vida de un niño.

A sus 16 años Emily, que mide 1,68, llegó a pesar menos de 25 kilos y no quiere que sus hijos pasen por lo mismo.

“Si lo ves, es totalmente normal. No entiendo porqué un chico de cuatro años necesita una etiqueta y porqué no se usa el sentido común en esto. Jack no tiene sobrepeso y es obeso. Nunca tuvo una caries y no se queda quieto. Hace natación algunas veces por semana y va en scooter al colegio”, contó Emily quien, durante el peor momento de su enfermedad, llegó a vivir con solo 50 calorías por día.

“Lucho cada día para hacer que mis hijos se den cuenta que valen la pena y que son perfectos de la manera que son”, finalizó.

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