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Es la noche en que los entierros arden, el diablo anda suelto y los campos son bendecidos por el Bautista. Es una jornada de agradecimiento y se busca atraer la bendición del Sol sobre hombres, animales y campos.

Esta costumbre, heredada de los colonos españoles, es una fiesta de origen cristiano extensamente difundida en el mundo occidental, tanto en Europa como en los países de Latinoamérica, con la que se celebra el solsticio de verano en Europa y el de invierno en Sudamérica. En algunos pueblos o localidades arden los nueve fuegos (’foguerons’) donde saltan las personas o parejas para pedir salud, amor y fertilidad. En otras, se quema un viejo muñeco (’es jai’), que representa todo lo viejo y negativo.

 Son algunas de la leyenda  o creencias populares, cada 24 de junio la provincia celebra la fiesta de San Juan Bautista, su Santo patrono, en Caucete también hubo un fogón realizado por vecinos del Barrio Felipe Cobas en una plazoleta del sector 2, Gabriela Valdez y Brenda Tello fueron quienes incentivaron a los chicos a poder realizar la gran fogata  según contaron a este medio.

¿Por qué San Juan Bautista?

San Lucas narra en su Evangelio que María, en los días siguientes a la Anunciación, fue a visitar a su prima Isabel cuando ésta se hallaba en el sexto mes de embarazo. Por lo tanto, fue fácil fijar la solemnidad del Bautista en el octavo mes de las candelas de junio, seis meses antes del nacimiento de Cristo (el 24 de diciembre celebramos el nacimiento de Jesús).

En el Evangelio de San Lucas se cuenta que su padre, el sacerdote Zacarías, había perdido la voz por dudar de su mujer, Isabel, estuviera en cinta. Sin embargo en el momento de nacer San Juan, la recuperó milagrosamente, como se lo había predicho el ángel Gabriel. Rebosante de alegría, la tradición religiosa dice que encendió hogueras para anunciar a parientes y amigos la noticia. Cuando siglos después se cristianizó esta fiesta, la noche del 23  al 24 de junio se convirtió en una noche santa y sagrada, sin abandonar por eso su aura mágica. Cuando el portavoz de la Redención nació, y Zacarías escribió en una tablilla: “Su nombre es Juan”, el sacerdote recuperó inmediatamente el habla y entonó el hermoso himno de amor y agradecimiento conocido como “Benedictus”.

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