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¿Cómo condenar el racismo en el mundo en nombre de la comunidad internacional desde una sede que lleva el nombre de un racista?

El azar ha hecho que el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos se instale en un edificio de 225 salas inaugurado en 1875 en Ginebra a orillas del lago Lemán, que en 1924 pasó a llamarse Palacio Wilson, en memoria del expresidente estadounidense Woodrow Wilson.

Un siglo después de que este mandatario negociara el acuerdo de paz que puso fin a la Primera Guerra Mundial y contribuyera a la creación de la Sociedad de las Naciones (SDN) en Ginebra, ancestro de la ONU, sus posiciones sobre los derechos humanos, especialmente sobre las razas, salen a la luz.

El proceso de revisión se inició en la Universidad de Princeton -de la que Wilson fue uno de los presidentes- pero todavía no ha alcanzado la ciudad de Ginebra, muchas veces considerada la capital de los derechos humanos.

Algunos piensan sin embargo que se tendría que examinar el vínculo entre su nombre y la oficina de los derechos humanos, teniendo en cuenta sus posiciones respecto a los negros estadounidenses.

“Wilson era una racista. Creo que no hay ninguna duda de ello”, afirma a la AFP Margaret MacMillan, historiadora de la Universidad de Oxford.

“El hecho de que (el Palacio Wilson) acoja la oficina de los derechos humanos (…) es, desde mi punto de vista, lamentable. Es uno de esos accidentes de la Historia”, asegura.

– Un hombre de su época – En Princeton, un grupo de estudiantes negros señaló en 2015 el hecho de que el nombre del expresidente fuera atribuido a la prestigiosa escuela de negocios internacionales de la universidad.

Princeton creó un comité para estudiar varias opiniones de historiadores, incluyendo pruebas de que Woodrow Wilson era de hecho un reaccionario respecto a la comunidad negra, adoptando políticas de segregación en la administración federal y rodeándose solo de supremacistas blancos.

“No podemos simplemente dispensar la política racista de Wilson explicando que era ‘un hombre de su época'”, escribe N.D.B Connolly, historiador de la Universidad Johns Hopkins, en una letra al comité.

Paula J. Giddings, historiadora de la Universidad Smith College, señala por su parte que debido a las posiciones del mandatario, la segregación racial se “inscribió en el corazón de la nación”.

El comité decidió finalmente dejar el nombre de Wilson en sus instituciones, pero reclama “la transparencia sobre los errores y los defectos” del expresidente.

– “Múltiples facetas” –

El nombre de Wilson es conmemorado en todo el mundo, como por ejemplo en París, donde una avenida lleva su nombre. En Ginebra, justo al lado del Palacio Wilson se encuentra el lujoso Hotel Presidente Wilson.

Aunque reconoce la destacada contribución del exmandatario en la creación de la SDN, para Margaret MacMillan hubiera sido más apropiado destinar el Palacio Wilson a la Conferencia de la ONU sobre el Desarme.

En una entrevista a la AFP el mes pasado, el Alto Comisionado para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad Al Husein, aseguró sobre sí mismo que “siempre” ha sido favorable a una mejor comprensión de la historia.

“El presidente Wilson es claramente un hombre de múltiples facetas”, declaró Zeid. “Sin él, es probable que no hubiera habido ni la Sociedad de las Naciones ni la ONU”.

“Las posiciones sobre el racismo eran condenables ciertamente a la luz de hoy” y de “aquella época también”, reconoció.

Zeid recordó que el Palacio Wilson fue así llamado por las autoridades helvéticas y que el edificio sigue perteneciendo al Cantón de Ginebra. Por ello, un cambio en el nombre, aunque es improbable, no dependería de la ONU.

Pero el Alto Comisionado podría sugerir una solución de compromiso, como la que adoptó la Universidad de Princeton, donde los edificios o instituciones históricas conservan su nombre pero informan al público, gracias a una placa por ejemplo, sobre los prejuicios de Woodrow Wilson.

Para el responsable de la asociación Human Rights Watch, Kenneth Roth, es importante la transparencia sobre los errores del exdirigente.

“Creo que el medio más eficaz para tratar esta cuestión es ser claro con las zonas oscuras de la historia de Wilson (…) pero sin negar el hecho de que tuvo un papel importante en la Sociedad de las Naciones”, señala.

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