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Las venas tienen unas válvulas que funcionan haciendo que la sangre circule hacia el corazón. Su debilitamiento hace que la sangre se acumule, lo que puede causar várices. En resumen, las paredes elásticas de las venas se debilitan, se alargan y ensanchan y las hojas de las válvulas se separan creando una especie de bolsa.

Las várices se aprecian físicamente como venas hinchadas y retorcidas que se observan como abultamientos bajo la piel. Durante el embarazo se dan varias condiciones que favorecen considerablemente la aparición de várices. El aumento de peso que tiene la mujer durante esos meses se concentra en el abdomen y aumenta la presión en las piernas haciendo lenta la circulación en esa zona. Esto es el incremento en un litro y medio de la cantidad de sangre que las venas de las piernas deben bombear en contra de la gravedad y la hormona progesterona que da flexibilidad a los músculos para la necesaria dilatación abdominal, pero también a las paredes venosas.

Lo habitual es que aparezcan en las piernas, pero también pueden darse en la vulva o en la zona anal (que son las temidas hemorroides).

¿qué hacer para prevenir? Caminar todos los días al menos 20 minutos y usar ropa cómoda.

Así, es importante comenzar con rutinas de prevención desde el primer momento. ¿Por ejemplo? Paseos y masajes. Caminar todos los días al menos 20 minutos, lo mismo que hacer cualquier otro deporte suave que mejore tu capacidad cardiopulmonar y favorezca una buena circulación. Y los masajes, además de relajar, ayudan: utilizá una crema hidratante, que de paso te hará mantener la piel cuidada e hidratada, y recorré con tus manos desde el tobillo hacia la rodilla con movimientos circulares, siguiendo el sentido de la circulación.

¿Hay soluciones? Medias especiales, piernas elevadas y baños de agua fría y caliente.

Ponete ropa cómoda y holgada (no tengas temor de “parecer” una embarazada dado que, efectivamente, lo sos). No uses prendas ajustadas (ni interior ni exterior) que opriman la cintura o las piernas. Y tené en cuenta, también, que es importante cambiar la postura. Mantenerte mucho tiempo sentada o parada puede ser contraproducente. Si sabés que debés estar sentada por un buen rato, evitá cruzar las piernas y tratá de mover los pies de vez en cuando. Y si te toca estar parada, cambiá el apoyo, cosa que todo el peso no vaya a una sola pierna.

Si aun así las varices aparecen, entonces te queda tratar de mitigar sus consecuencias y molestias.

Consejos
1- Medias: existen medias para las várices específicas para embarazadas. Sin embargo, antes de utilizarlas, es recomendable consultar a tu médico para que te recomiende las más apropiadas para tu caso.

2- Baños: los baños de contraste de temperatura son muy recomendables ya que activan la circulación. Si contás con la oportunidad de caminar a la orilla del mar, sumarás varios beneficios. En otro caso, si lo tenés como accesorio, podés usar el duchador y bañar tus piernas desde los pies hasta la pelvis dibujando círculos con los chorros con agua fría o templada.

3- Elevación: a la hora de dormir es recomendable poner las piernas en alto. Es algo que podés hacer también a lo largo del día, colocando las piernas por encima de la altura del corazón para que las venas de las extremidades inferiores disminuyan su esfuerzo en el bombeo de la sangre.

4- Peso: evitá levantar o soportar grandes pesos: en ambos casos las venas tienen que realizar grandes sobreesfuerzos.

Se viene el verano y el sol es enemigo

Si estás embarazada, ahora que se viene el verano debés tener mucho cuidado porque el calor es el mejor aliado de las várices, ya que dilata los cuerpos y puede aumentarlas. O sea, no te expongas a fuentes de calor y, aunque te duela no verte bronceada, no tomes sol.

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