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Alzhéimer: Estos son los síntomas y los consejos para prevenir la principal causa de demencia

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Los olvidos puntuales pueden ser algo normal, pero ¿cuándo debemos empezar a preocuparnos ante fallos de nuestra memoria?

 

A quién no le ha pasado alguna vez que iba a buscar algo a la cocina y cuando ha llegado se ha dicho: “¿y yo a qué venía aquí?”. Los olvidos puntuales pueden ser algo normal, especialmente en épocas de mucho estrés, pero ¿cuándo debemos empezar a preocuparnos ante fallos de nuestra memoria? ¿Qué señales pueden alertarnos de que estamos ante una enfermedad como el alzhéimer?

 

«Un 70% de los casos empieza con problemas de memoria. Es la presentación más frecuente», explica a ABC Salud el doctor Juan Fortea, coordinador del Grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología (SEN), con motivo del Día Mundial de la Enfermedad de Alzhéimer, que se celebra este martes.

 

Tener un olvido como el que describíamos al principio del texto no es alarmante. La pérdida de memoria característica de la enfermedad de Alzheimer es la de la «memoria episódica» (aquella que se refiere al recuerdo de momentos, lugares, emociones y detalles de contexto de episodios de la vida que se pueden evocar de forma muy nítida), apunta el experto. «Hay que distinguir entre fallos de memoria de atención, como el “a qué he venido a la cocina”, porque tenemos muchas cosas en la cabeza, de cuando empezamos a tener problemas para rememorar lo que hemos hecho el fin de semana», explica el doctor Fortea.

 

Las personas con alzhéimer tienen más capacidad para recordar el pasado que lo que han hecho ayer. «Es como si los pacientes tuvieran el botón de “Rec” estropeado. Les cuesta grabar nuevas experiencias, pero el de “Play” funciona muchísimo más», ejemplifica el experto de SEN.

 

Otras señales de alarma que nos deben llevar a consultar, tanto si nos pasa a nosotros como a un familiar, son la «dificultad para recordar eventos o citas importantes y la pérdida de objetos». A veces es el propio paciente el que se da cuenta precozmente de esta pérdida de memoria, pero en otras ocasiones puede haber una falta de conciencia de enfermedad y es alguien cercano el que sospecha. Por eso el médico evalúa teniendo en cuenta lo que le cuenta el paciente, lo que le dice la familia y lo que él mismo ve en consulta.

 

En España, la SEN estima que más del 50% de los casos que aún son leves (formas prodrómicas) están sin diagnosticar. Es importante detectar la enfermedad precozmente porque permite una mejor planificación de los cuidados y mayor calidad de vida

 

El neurólogo tiene la complicada tarea de discernir qué tipo de memoria está fallando y evaluar si hay otras dificultades añadidas, como problemas para estructurar el discurso u orientarse. Hasta hace relativamente poco se hacía un diagnóstico de exclusión, pero, en los últimos años, gracias a la identificación de biomarcadores, la enfermedad ya se puede medir mediante pruebas como el PET de amiloide o la punción lumbar. Además, el doctor Fortea destaca el desarrollo en los últimos 5 años de marcadores plasmáticos (mediante un análisis de sangre), que revolucionarán en un futuro cercano la forma en que se diagnostica la enfermedad. «Permitirán cribados masivos de la población y un diagnóstico mucho más precoz de la enfermedad», señala.

 

El experto reivindica la necesidad de un Plan Nacional del Alzheimer con dotación económica para establecer en todo el territorio un mínimo de equidad, mediante Unidades de Memoria que cuenten con neuropsicólogos y biomarcadores implementados, para evaluaciones de calidad. «Tenemos que estar preparados para lo que viene: los fármacos biológicos que van a suponer un cambio radical en el tratamiento de los pacientes», apunta.

 

Cómo mantener el cerebro en forma para prevenir

 

El alzhéimer es una enfermedad neurodegenerativa ligada al envejecimiento. La edad es el factor de riesgo más importante. Es muy infrecuente en menores de 50 años pero «afecta a entre un 5 y un 10% de los adultos mayores de 65 años, unas cifras que se duplican cada 5 años hasta alcanzar una prevalencia de aproximadamente el 50% en la población mayor de 85 años», afirma el experto. Existen también factores genéticos. Pero hay otros ligados al estilo de vida que sí está en nuestra mano modificar. Practicar ejercicio físico de forma regular, no fumar, evitar el abuso del alcohol, controlar el peso corporal, seguir una dieta sana y mantener la presión arterial, el azúcar en sangre y el colesterol en niveles adecuados reduce el riesgo de padecer esta enfermedad. «Lo que es bueno el corazón es bueno para el cerebro», sentencia el doctor Fortea.

 

Además, para el experto, es fundamental mantener también el cerebro “en forma”. «Socializar, que implica escuchar, atender e interaccionar, es un ejercicio intelectual muy importante», asegura el especialista de SEN, quien recomienda salir a la calle a diario para regular los ritmos circadianos, aprovechar la luz solar y hacer ejercicio al caminar.

 

Lo que viene en tratamientos

 

La enfermedad de Alzheimer no tiene cura. Actualmente los tratamientos que se prescriben tienen como objetivo mejorar los síntomas cognitivos, pero no modifican el curso de la enfermedad. «No evitamos que las neuronas mueran, pero las que quedan se comunican mejor entre ellas», explica el especialista de la SEN.

 

Las esperanzas están puestas en los tratamientos biológicos. El pasado mes de junio, la Agencia del Medicamento de EE.UU. (FDA) aprobó, aunque de forma condicionada, un nuevo fármaco denominado aducanumab: el primero que potencialmente modifica el curso de la enfermedad para que vaya más lento. «Muchos de los nuevos enfoques de terapias farmacológicas contra la enfermedad de Alzheimer se basan en el uso de anticuerpos monoclonales. Este año ha sido aprobado en EE.UU. el primero de ellos, que si bien se ha aprobado a pesar de tener una evidencia controvertida respecto a sus beneficios clínicos, es la primera muestra de que ya es posible modificar procesos fisiopatológicos clave de la enfermedad. Además, actualmente, se están realizando estudios de fase 3 con otros dos fármacos de características muy similares y de los que se espera tener resultados a finales de 2023 y 2024 respectivamente», concluye el doctor Juan Fortea.

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